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Diferentes

por Irati
viernes, 20 de marzo del 2009 a las 13:27
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No tuvo que esperar mucho tiempo. Pronto, un hombre alto y elegante, de cabello y ojos grises, se sentó a su lado.

  • - ¿Qué quieres de mí?
  • - Información sobre un joven llamado Max- le contesto el apuesto hombre.
  • - Hace mucho que lo conozco. Él siempre tuvo conciencia de que no era como sus amigos o familiares, no me preguntes como demonios lo sabía porque no podría contestaros, ya que ni yo mismo conocía en aquel entonces la razón. Lo que nunca me imaginé fue hasta que punto tenía razón al afirmar que era diferente a todos los demás.

>>Él siempre fue una persona introvertida y poco sociable, y estos caracteres degeneraron aún más tras la muerte de sus padres y su hermana gemela, cuando el apenas tenía cinco años. Se encontraba con ellos en el coche cuando sucedió el terrible accidente, él fue el único que salió con vida y sin ningún rasguño del accidente. Encontraron los carbonizados cadáveres de sus padres, pero no hallaron el cadáver de su querida hermana entre los restos del coche. Max no recordaba nada sobre el trágico accidente, padecía amnesia, y según los médicos, eso se debía al shock postraumático, lo que significaba que su cerebro intentaba refugiarlo olvidando lo ocurrido aquel trágico día. Fue un milagro que él haber salido vivo de semejante explosión y que la única secuela del accidente fuera un poco de amnesia, o eso es lo que dijeron en los periódicos y en la televisión. Como ya no tenía padres, pues se habían ido al cielo, la ley dejo a manos de su tía abuela Violeta la custodia de aquel niño introvertido, pues no tenía a ningún otro pariente vivo.

Desde que se puso a vivir con su tía todo le había ido de mal en peor.

Por un tiempo vivieron bien del seguro de vida de sus difuntos padres, pero cuando el chollo terminó, y como su tía abuela Violeta estaba jubilada desde no hacía mucho, no pudieron permitirse el lujo de vivir en el precioso chalet de sus padres. Por eso, tuvieron que venderlo y ponerse a vivir en un pequeño piso de alquilado, en una calle de poca monta.

Max siempre vivió en soledad, aunque tuviera a su tía constantemente encima de él, se sentía muy solo. Puesto que nunca se interesó en tener ningún amigo por miedo a perderlos a ellos también, como perdió a los únicos seres vivos que verdaderamente había querido. Sus únicos amigos eran los libros, con los que se alejaba lejos de la realidad, a unos mundos donde la tristeza no lo alcanzaría jamás.

Recuerdo las horas que pasaba Max mirando por la ventana de su habitación, con la esperanza de que alguien viniera y le dijera que él era diferente a los demás, y lo llevara con él, lejos de los recuerdos de sus padres y su hermana. Ese era su gran sueño, un sueño que se convertiría en su peor pesadilla, una pesadilla que lo perseguiría hasta el fin de sus días.

Todo empezó con un sueño bastante peculiar, y tú pensarás ¿qué dice este de un sueño? Pues si, todo ocurrió a causa  del "inofensivo" sueño que tuvo aquel día de verano.

Hacía tiempo que el sol se había perdido  en el horizonte y las estrellas alumbraban  la oscuridad con la ayuda la luna llena. Él estaba hay, quieto, en la orilla de un playa caribeña. Era un lugar magnífico, las aguas del mar eran cristalinas y la arena era de un blanco impecable. Era el paraíso. Se sentó bajo una palmera para apreciar mejor la belleza de aquel lugar, la paz espiritual se apoderó de su alma al instante. Estaba tan absorto en el paisaje que no se percato de que alguien se acercaba a él con paso decidido.

  • - Hola Max,- lo saludo la desconocida.

Se le heló la sangre de las venas, ¿cómo era posible que aquella mujer supiera su nombre?

  • - ¿Q-quién es usted?- tartamudeó- y... ¿C-cómo sabe mi nombre?
  • - Perdón, no era mi intención asustarte Max, nada más lejos de mis intenciones- le dijo mientras le dedicaba una sonrisa pícara.

La miró por segunda vez. No era tan vieja como le pareció a buen principio, tendría unos cuantos años más que él. Era una joven de mediana estatura y muy esbelta. Parecía que nunca antes había estado en una playa, pues su piel era tan blanca como una muñeca de porcelana. Sus ojos eran de un rojo vivo y poseía un cabello corto y muy rebelde de color negro. Vestía con una minifalda y una camiseta de tirantes negra, que resaltaba su figura.

  • - Señorita...
  • - Te agradecería que me tutearas, al fin y al cabo somos amigos ¿no?- le cortó con una media sonrisa dibujada en sus labios. Fue en ese instante cuando recordó que Max no sabía su nombre, por lo que se presentó.- Me llamo Natasha- dijo tendiéndole la mano a modo de presentación sin perder su sonrisa pícara.

Se quedó mirándola como un estúpido. Le pareció tan hermosa y tan perfecta... que se enamoró de ella incondicionalmente.  

  • - Y acorde con tu anterior pregunta... te hemos estado observando desde que eras pequeño, porque eres diferente, naciste para ser diferente y lo sabes, siempre lo has sabido - finalmente había llegado el día que tanto había ansiado llegar.- Nosotros te ofrecemos ayuda, despertaremos el poder que late en tu interior.
  • - ¿Qué es lo que queréis a cambio? Os daré todo lo queráis, cualquier cosa, pedid y será vuestra- se apresuro a contestar el pobre Max alegremente, no entra en si de gozo ante esa alternativa.
  • - Tranquilo, querido, no te precipites- dijo mientras lo cogía de la barbilla.- Primero debes saber lo que pedimos a cambio de nuestro pequeño favor. No pedimos gran cosa, solo deberás darnos tu alma a cambio- dijo como si tal cosa, claro como no era su alma el que estaba a juego... Se le puso la cara tan pálido como la misma muerte.- No te me marees Max, que no es para tanto, además conseguirías un inmenso poder y la inmortalidad. ¿No era eso lo que siempre has deseado? ¿Lo que siempre has ansiado poseer?- preguntó- Es un precio muy pequeño a cambio de lo que nosotros te ofrecemos. No a todos los humanos se les ofrece esta posibilidad Max, no la desperdicies.

Estas palabras no le tranquilizaron en absoluto al contrario se asusto aún más de lo que ya estaba. Todos sus instintos le aconsejaron que huyera de hay lo más rápido posible.  Miró a todos los lados, pero no encontró ninguna salida posible.

  • - ¿Y qué dirías si te dijera que tendrías la oportunidad de estar conmigo para toda la eternidad?- le puso ojitos de cordero degollado.- Hazlo por mi, por fi.

Al escuchar sus palabras, su voz, supo que estaba mintiendo, ella no lo amaba, pero no se atrevió a negar su suplica. No podía negarle nada cuando le miraba con aquellos ojos. Pobre de él, que cruel puede llegar a ser a veces el amor. Bajó la vista antes de dar su decisión a aquella bella joven dama.

  • - ¿Qué debo hacer?- dijo sin mirarla a los ojos y con los hombros caídos.

Natasha se acerco a él y sus labios quedaron a escasos centímetros de los suyos.

  • - Así me gusta cariño mió- le susurró en la oreja con voz seductora.- Que empiece la iniciación.

Ella empezó a besarlo apasionadamente y él, como no, no hizo nada para impedirlo. Lo besó en la oreja, en los labios, en el cuello... Poco a poco ella fue desabrochándole la camisa, entre beso y beso. Todo apuntaba a que perdería la virginidad ese mismo día, pero lo que pasó a continuación fue bien distinto.

Natasha colocó su mano derecha en el lugar donde se encontraba el corazón del joven y su mano empezó a irradiar luz propia. De pronto, de entre los labios de Max empezó a emanar una sustancia gaseosa de color violeta, su alma, su vida. El joven empezó a convulsionarse, un dolor atroz le desgarraba las entrañas. Todo a su alrededor empezó a dar vueltas y vueltas. Sabía que de un momento a otro moriría, pero eso no le importó en absoluto pues lo hacía por ella y por su sueño. Pronto se reuniría con sus seres queridos, volvería a estar con su amada hermana.

Cuando toda su vida desvaneció de entre sus labios oyó una voz que lo llamaba.

  • - Todavía no ha llegado tu hora, querido.- dijo la voz seductora de Natasha- Bien venido a la fraternidad de los inmortales. Desde ahora en adelante tu vida no será la misma de antes. Ahora tu existencia me perteneces, Max- le susurró la voz.- Dentro de poco nos volveremos a encontrar...

Otra oleada de dolor lo invadió nuevamente antes de sucumbir a la oscuridad.

Sus propios gritos lo despertaron. Se sentó y encendió la luz junto a su cama. Había sido una pesadilla muy real, demasiado real para su gusto, pero al fin y al cabo solo había sido una maldita pesadilla.

Se levantó, se dirigió al cuarto de baño y lleno la bañera con agua. Se desprendió de su ropa y se metió en el agua. Una vez dentro del agua intentó relajarse y olvidarse de todo, pero no lo consiguió, los ojos de Natasha lo perseguían cada vez que cerraba los ojos. Aún ahora, la seguía escuchando en su mente, una voz profunda que prometía placeres incomparables si tan solo le daba su alma, y él se lo había dado sin pensárselo dos veces. Ah, su voz, tan oscura como la noche, tan profunda como la eternidad...

Cuando decidió de que se había lavado bien salió de la bañera y se seco todo lo bien que pudo. Fue entonces, mientras se secaba el pecho, cuando se dio cuenta de que algo en su cuerpo no estaba bien. Se fijo de que su cuerpo estaba más corpulento de lo habitual y su tez era más pálida. Sus ojos, que antes habían sido marrones oscuros ahora eran del todo negros, no se podía apreciar el iris. Su cabello en cambio, no había cambiado ni un ápice, seguía siendo el pelo pincho de siempre, seguía siendo tan negro como la noche.  

Poso su mano sobre el pecho, donde no hacía mucho había estado la fina mano de Natasha. ¿Qué demonios hacía un tatuaje en aquel sitio? No recordaba haberse hecho nunca un tatuaje en ninguna parte de su cuerpo, la sola idea lo horrorizaba, y mucho menos que hubiese sido una extraña d. Se planteó, por primera vez  desde que despertó, si la pesadilla no hubiese sido una simple y vulgar pesadilla, y si cierto lo que dijo Natasha, entonces él ahora sería inmortal y tendría algún que otro  poder chulo en estos momentos. Sin pensárselo dos veces, pues el era una persona impulsiva, fue directamente hacia la cocina a coger el cuchillo que su tía abuela utilizaba para cortar carne.

Bajó precipitadamente las escaleras y se adentró en la cocina para hacerse con el cuchillo. Después de encontrar el escondite del maldito cuchillo, se hizo un corte superficial en la muñeca izquierda para ver si poseía el don de regeneración de células, como Lobezno el de X-Men, si el pequeño experimento que tenía entre manos salía bien, podría explicar por que salió vivo del accidente de coche de su infancia contra todo pronóstico o porque nunca se enfermaba. No tuvo que esperar por mucho tiempo para ver como se obraba el milagro. La sangre dejo de emanar de su herida y no quedo ni una cicatriz donde antes había estado la herida que se hizo con el cuchillo.

Estaba ilusionado ante su nuevo descubrimiento. Empezó a saltar de alegría, por fin era inmortal ya nadie podría causarle ningún daño. Nunca abandonaría a su tía abuela Violeta como lo hicieron sus padres con él, él nunca desaparecería, él viviría para siempre. Sería eterno.

Fue en ese momento cuando su tía abuela Violeta apareció en la cocina con el típico camisón de las abuelas, tú ya me entendéis, llenos de flores y con olor a viejo. Ella aún estaba medio grogui, pero al ver a su único nieto con un cuchillo de cortar carne en las manos se despertó de inmediato y, como no, pensó lo peor.

  • - Max cariño deja el cuchillo en el lugar donde estaba, tú no quieres hacerte ningún daño. Se que tras la muerte de tus padres te sentiste solo y abandonado, pero de eso hace muchos años. Ahora tienes dieciocho años y debes comportarte como tal, por tus difuntos padres- le habló como a una persona que intentaba suicidarse, nada más lejos de sus intenciones.

No la estaba escuchando, se había quedado como piedra mirándola. Veía un resplandor rosáceo a su alrededor, envolviéndola, lo que dedujo que sería su alma, su aura vital. Era un alma tan puro e inocente, que se quedó ahí, quieto, observando el esplendor de aquella alma. Gracias a su nuevo don podía ver el alma de la gente que lo rodeaba. Se preguntaba cual sería la próxima sorpresa que le depararía el futuro.

Fue entonces cuando un profundo malestar lo invadió por dentro al darse cuenta de que él nunca más tendría un alma, pues en la vida solo se tenía un alma y él lo había vendido a cambio del sueño de su vida. 

  • - No es lo que tú te estas imaginando, tía Violeta, solo quería darte una sorpresa preparándote algo especial para desayunar, pero como sabes la cocina no es mi fuerte- dijo estas palabras ayudados con una mueca de desagrado a los utensilios de cocina para tranquilizarla.

Y al parecer le creyó, porque empezó a reírse a mandíbula abierta. Dio gracias a las clases de teatro que su tía le había hecho ir desde pequeño, gracias a ellos era capaz de engañar a cualquiera que le apeteciese.

  • - En eso te pareces a tu difunta madre, que en paz descanse. Era una completa desastre en todo lo que se refería a la cocina- en sus ojos se apreciaba lo mucho que la echaba de menos, aunque no lo mostrase abiertamente.

La tía le cogió el relevo y preparó huevos con beicon para ambos. Desayunaron en completo silencio, nadie hablo en lo que duró de tiempo. Cuando finalmente terminó de comer y lavar los platos le dijo a su tía abuela Violeta que iría a dar un paseo por allí, pues hoy empezaban las vacaciones de verano. 

  • - Max, recuerda que debes volver pronto a casa, hoy tenemos que celebrar tus cumpleaños. No todos los días se cumplen los dieciocho- no se quien tenía más ganas para celebrar la fiesta.- Que orgullosa estoy de ti Max, ya eres mayor de edad- le dijo antes de que Max desapareciese tras la puerta.

A esa hora de la mañana su barrio estaba repleto de coches y gentes que abrían sus tiendas. Se abrió paso por entre una auténtica marea humana. Había gente por todas partes, gente paseando, gente riendo, gente parándose para hablar con conocidos... Dio un paseo y se alejó de toda la multitud para así poder estar tranquilo con sus propios pensamientos. Para ese propósito, se adentro por un callejón que daba a su escondite secreto donde podría estar solo consigo mismo, lejos de la gente indeseada.

Nunca había habido señales de vida en aquel oscuro callejón, nadie se acercaba ni vivía en aquel lugar. Pero aquella vez fue distinto, tuvo la certeza de que alguien lo observaba desde la oscuridad.

  • - ¿Hay alguien ahí?

El eco de su voz se perdió entre la sombra. Esperó unos segundos en vano, no hubo respuesta alguna.

Oyó un ruido de metal contra metal procedente de detrás de él. Se volvió para encontrarse con cinco hombres ataviados con trajes de saldo acompañaban al calor húmedo y pegajoso que flotaba en el aire. Uno de ellos, el que parecía ser el jefecillo del grupo, se adelantó un paso y puso las manos en jarra. Los demás, se limitaron a clavarle una mirada abiertamente hostil.

  • - Danos la pasta chaval si no quieres que te rajemos tu bonita cara.
  • - No tengo nada que ofreceros, no llevo ni una maldita moneda encima- le contestó al jefe del grupo, estaba cagado de miedo ante la reacción que despertaría esas palabras en ellos.
  • - Lo siento mucho por tu cara, chaval.

 A una señal del jefe, los otros cuatro se le echaron encima del pobre Max con un grito de ira. No se con que instrumento le pegaron, pero apenas tuvo tiempo para darse cuenta de que sus piernas no le respondían a causa de los golpes y como su cuerpo se desplomaba. Le estaban moliendo a patadas, no sentía nada, era como si su mente se hubiera desprendido del cuerpo. Estaba aguardando a la muerte, al final de su corta existencia. Los matones se preparaban para darle el golpe de gracia, pero entonces, súbitamente, una sombra tapó la luz proveniente del fin del callejón. Una sombra sinuosa, de brillantes ojos y enormes alas hechas del alma más negra y oscura que había visto jamás. La criatura que caminaba hacia él parecía parte de la oscuridad que lo rodeaba. No había forma de escapar de la sombra. Se preguntó si aquella sombra había venido a matarlo o a ayudarlo. Tembló cuando sus osados ojos encontraron los suyos.

A simple vista Max parecía estar muerto. Sus ropas estaban hechas jirones. Tenía los ojos cerrados y su piel pálida y demacrada. Pero la verdad era que estaba descansando, reponiendo fuerzas para poder regenerarse de todas sus heridas.  Y la sombra lo supo de alguna extraña forma.

La sombra se movió con tanta rapidez que nadie lo pudo ver. Pasó junto a él como una exhalación y, segundos después, los cuatro secuaces caían de espaldas sobre sus compañeros. Necesitó unos segundos para comprender lo sucedido. Acababa de utilizar magia o algo por el estilo. El jefe se abalanzó con todas sus fuerzas contra la sombra, quien lo esquivó con tanta agilidad gatuna que fue visto y no visto. Se hecho a un lado y le dio un golpe de kárate detrás del cuello, que lo dejó inconsciente o muerto. Todo ello sucedió en un par de minutos, aunque a él le pareció haber pasado una eternidad cuando la sombra se dirigió hacía el lugar donde él se encontraba.

Cerró fuertemente los ojos, la sombra venia a cobrarse también su vida. Transcurrió bastante tiempo, lo suficiente como para haberlo matado, si eso hubiera sido su intención. Max sintió los ojos penetrantes en sus espaldas, inspeccionándolo cuidadosamente. Abrió los ojos con cautela y lo que vio ante sí lo desconcertó mucho, un joven alegre se alzaba ante él con una amplia sonrisa en los labios, mientras le ofrecía la mano para ayudarlo a levantar. Era un joven alto y delgado con melena de greñas amarillas y una pequeña perilla, y  poseía alegres ojos azul celeste, sería de su misma edad. Habría pensado que la sombra había desaparecido y que el joven era una persona cualquiera que lo había encontrado tirado en el suelo, si no fuera por sus tenebrosas alas.

Haciendo caso omiso de su ofrecimiento de ayudar se levanto utilizando sus propios medios, pues ya se había recuperado del todo.  Antes de encararse al desconocido se quitó todo el polvo que había en su ropa, a causa del ataque que había sufrido. Nadie hubiera creído que lo habían molido a martillazos si no fuera por su ropa.

  • - ¿Por qué me has ayudado? - le preguntó.
  • - Para que están los de la fraternidad pues, para cubrirnos las espaldas los unos a los otros- le contesto alegremente.- Me llamo Ángelus, pero puedes llamarme Ángel y soy un demonio psíquico del nivel uno. Y tú debes ser el nuevo, me alegra conocerte.

Su rostro estaba enmarcado por unos chispeantes ojos azules que desbordaban alegría.

  • - Supongo que si, o eso es lo que dice la marca que tengo en el pecho- dijo con aire indiferente enseñándole el tatuaje que Natasha le había hecho.

 La sonrisa agradable que había estado presente en todo momento en el rostro de Ángel, desapareció súbitamente para darle paso al asombro. Cuando por fin pudo controlar su expresión, sonrió débilmente. 

  • - ¿Quién a sido el que te a iniciado?- preguntó intentando ocultar la alarma de su voz.- No habrá sido Natasha, ¿no?
  • - Si, fue ella la que me hizo el tatuaje que tengo en mi pecho en sueños, si es que te referías a ello. ¿Por qué? ¿sucede algo?
  • - O dios, no me lo puedo creer, tengo en mis manos a un demonio del nivel cero- empezó a cantar y bailar, parecía que había ganado el gordo.- ¿Cuál es tu elemento?, ¿Puedes entrar en los sueños de los demás? ¿O lo tuyo es el control de mentes?- le ametrallo a preguntas que no llegaba a entender.
  • - No se de que diablos me estas hablando, tío. Nadie me ha hablado sobre mis poderes ni de ningún nivel cero ni nada por el estilo. ¿Qué me has querido decir con ello? Natasha abandono mi sueño antes de explicarme en lo que me había convertido al ofrecerle mi alma a cambio del sueño de mi vida, ya sabes ser diferente, ser inmortal. ¿Podrías ayudarme a averiguar en que me he convertido?- preguntó mirándose las palmas de las manos.

Se encontraba muy desorientado y confuso por todo lo que le estaba sucediendo, era difícil de asimilar toda esa información de golpe. Él no sabía nada sobre la fraternidad que al parecer ahora pertenecía, ni sabía nada sobre en lo que se habría convertido. Si bien Ángel decía la verdad y él era un demonio del nivel cero, eso para él no significaba absolutamente nada. Él siempre había creído en la existencia de los ángeles guardianes, en hadas y hasta en gigantes, pero en demonios... Cuando era pequeño se pasaba el día leyendo libros sobre el mundo fantástico, y por lo tanto, todo lo que sabía sobre en lo que se había convertido era lo que decían en ellos. Y la verdad es que no decían nada bueno sobre lo que era. Había muchos tipos de demonios, desde vampiros hasta incubos. También comentaban que todos los demonios, sin excepción,  eran despiadados y especialmente malvados, y que les encantaba matar a gente a sangre fría, especialmente a niños indefensos e inocentes. Él no era como ellos, no quería ser como ellos. Él seguramente sería una persona callada e introvertida y podía ser un poco egoísta, pero tenía un gran corazón, nunca  se atrevía a matar ni a una mosca si no que los atrapaba y los soltaba al aire libre.

  • - Quisiera saber todo sobre la fraternidad del que soy miembro.
  • - Es una historia muy, muy larga, demasiado larga para cortar en este sitio. Si quieres ven a mi casa y te responderé a todas y cada una de tus preguntas - le ofreció su tarjeta acompañado con una radiante sonrisa.- Que me dices colega, estas preparado para venir conmigo.
  • - Lo siento, pero tendrá que ser otro día, hoy cumplo dieciocho años y mi tía me ha preparado una sorpresa. Te llamaré en cuanto disponga de tiempo. Adiós- lo saludó mientras corría en dirección a la salida del callejón.

Ángel quiso decirle algo, pero era demasiado tarde ya se encontraba demasiado lejos. Si sus sospechas eran ciertas el peligro o algo mucho peor lo acechaba.

Lo contempló correr hacia el final del oscuro y húmedo callejón, hacía la luz. Era un buen tipo, un tipo legal y un gran soñador, el tipo de personas que a él le gustaban como compañero. Se fijó en sus alas, no eran como las suyas creadas de la más negra oscuridad, los de él parecían estar hechas a partir del eterno fuego del infierno. Sus alas imponían respeto. Se notaba que era del nivel cero, Natasha había hecho bien en reclutarlo, podría serles de gran ayuda en esos tiempos difíciles.

  • - Cuidado, amigo mío, grandes cambios te esperan a la vuelta de la esquina- susurró a la nada.

 

La caminata de vuelta a su casa fue muy interesante e instructor. Veía por todas partes las almas de la gente que lo rodeaba o fantasmas que deambulaban sin rumbo fijo, sin poder acceder a la luz por tener alguna cuenta pendiente entre los seres vivos. Más de uno le pidió ayuda, pero Max hizo oídos sordos a sus súplicas, no quería estropear aquel momento con problemas ajenas ya les ayudaría en otro momento, tenía toda la eternidad por delante para ello. Encontró a demonios de niveles inferiores que lo miraban con profundo respeto, y al pasar por su lada bajaban la cabeza a modo de saludo. Gentes a quienes nunca había visto le saludaban con reverencia, eso le hacía sentir muy poderoso.

Era como ver el mundo con nuevos ojos, ahora lo veía todo, no había nada que se le podía escapar. Era capaz de ver lo que sucedía a kilómetros de distancia o incluso ver el movimiento del viento. Además, oía la discusión que tenía la pareja del sexto piso del edificio del final de la calle. Parecía un sueño, era un sueño, el sueño de su vida hecho realidad gracias a su bella diablesa. La próxima vez que se vieran tenía intenciones de agradecerle ese maravilloso milagro, sin ella él habría seguido siendo un mortal normal y corriente que tenía que atender sus necesidades físicas. Ahora era libre de su cuerpo mortal. No necesitaba ni dormir ni comer para seguir viviendo, no estaba atado a la vida, era superior a todo lo que ello significaba, estaba en un nivel superior, nadie podría alcanzarlo jamás,... él era inmortal. El niño alegre que había muerto tras el accidente de coche había resurgido de sus cenizas, y venía con las fuerzas renovadas. Su corazón se había desprendido de toda la pena que albergaba dentro desde tantos años. Por fin, era feliz. Por fin su sueño se había hecho realidad. Max se encontraba como nunca antes había estado, rebosante de felicidad. Su vida había cambiado completamente por segunda vez y esta vez sería para mejor, no tenía ni el menor atisbo de duda.

Paso todo el día paseando por las calles observando y escuchando todo lo que el mundo le ofrecía. La hora de volver a casa lo pilló en la plaza del pueblo. Hacia tiempo que el sol se había ido a echarse una siesta. La noche se cernía en la esplendora ciudad. La brisa nocturna era fresca, y mecía ligeramente las solitarias pero graciosos árboles que se alzaban en la plaza.

Mientras que estaba saboreando ese momento de júbilo, vio espirales de humo que danzaban hacia el cielo. ¿De dónde provendría? Se preguntó en joven. Tuvo un mal presentimiento, el mismo mal presentimiento que tuvo en el callejón o en el día del accidente de coche. Vio pasar a su lado un camión de bomberos a toda mecha que se dirigiría a donde provenía el humo, supuso él. Sin pensárselo dos veces se montó detrás del camión, así llegaría antes al epicentro del catástrofe. El camión iba muy deprisa con las sirenas puestas al lugar donde debían de hacer su trabajo, que no se dieron cuenta de que tenían un polizón a bordo. Max observó como la gente corría dirección al lugar en llamas. Las calles que cruzaban se le hacia. Finalmente llegaron a su meta, fue entonces cuando Max se bajó del camión para ver a que se debía su mal presentimiento. Un edificio estaba envuelto en terroríficas llamas. Al ver el edificio en llamas detenidamente se le cayó el alma, cosa que no poseía, a los pies. Era el edificio donde vivía con su tía abuela  Violeta. Empezó a correr como un poseso en dirección a su casa con la intención de salvarla, cuando un bombero le cerró el paso.

  • - Lo siento jovencito, pero no puedes entrar al edificio.
  • - Mi tía está allí dentro, atrapada entre las llamas, debéis dejarme ir a socorrerla es lo único que me queda en esta vida- le suplicó.
  • - No puedo dejarte ir adentro, lo que si te puedo asegurar es que estamos haciendo todo lo que está en nuestras manos.

No dijo nada más, no merecía la pena intentar razonar con aquel estúpido mortal. Con la cabeza gacha se adentró entre las personas allí congregadas para ver el espelúznate espectáculo. Si no le dejaban entrar por las buenas entraría por las malas en el maldito edificio y sacaría a tía Violeta de aquel infierno. Max no estaba dispuesto a perderla a ella también, no podría vivir sin ver una vez más su bella sonrisa ni su bondadosa alma. Estaba decidido, entraría en aquel edificio como sea.

En su alocada adolescencia había utilizado más de una vez la puerta trasera del edificio para huir de la constante vigilancia de su tía, nunca lo había pillado, pues nadie sabia de la existencia de aquella puerta. Estaba totalmente seguro de que nadie habría puesto vigilancia en aquella puerta.  

Se adentro por un callejón y se dirigió sin más dilatación hacia aquella puerta, no podía malgastar tiempo. Si quería volver a ver a su tía de nuevo debía apremiarse.

La puerta se encontraba detrás de un contenedor de basura que había caído en el olvido, ya que nadie había vuelto a utilizarlo desde hacia tiempos inmemorables. Apartó de un puñetazo el maldito contenedor que se interponía entre él y su tía, y abrió la puerta de un portazo. No había tiempo de asombrarse de su fuerza descomunal. Subió las escaleras que llevaban a donde se encontraba su pobre tía de dos en dos. Fueron unos minutos que le parecieron eternos hasta el cuarto piso del edificio. Estaba demasiado concentrado en llegar a su casa que no se dio cuenta que el fuego se alejaba de él, que le dejaban el camino libre entre los escombros, como si no quisiera dañarlo. ¿Qué extraño, no?

Llego ante la puerta de su casa finalmente, y como no tenía tiempo de encontrar la llave adecuada para abrir aquella dichosa puerta en su llavero, le dio un buen gancho de derecha a la puerta que lo convirtió en un montón de astillas.

La casa estaba irreconocible, si no fuera porque sabía que ese era su casa habría jurado de qué se había equivocado de lugar. La casa estaba envuelta en llamas que destrozaban todo lo que encontraban a su paso, desde fotos hasta mesas, pero por alguna extraña razón las llamas de fuego no le afectaban en absoluto. Y allí, en el medio de la sala estaba su querida tía abuela Violeta tirada en el suelo chamuscado. Se acercó a ella para ver como se encontraba, pero era demasiado tarde, estaba muerta. Lo raro era que no había muerto a causa del fuego sino por una limpia cuchillada en el corazón.

Fue en aquel momento, mientras observaba el cuerpo inerte de su tía, cuando percibió la presencia de alguien extraño en la casa. El bello se le erizó, eso no auguraba nada bueno. La maldad flotaba en el aire, como el humo del incendio. La maldad acechaba en la oscuridad. Ignoraba qué iba mal, cuál era el problema, aunque estaba seguro que algo ocurría, lo sentía en la piel.

No dio ni dos pasos cuando detectó una sombra por el rabillo del ojo. Lo que sea que le acecha vuelve a moverse entre las sombras del edificio en llamas, raudo como un parpadeo, inquietante como el aullido de un lobo.

 Todos sus instintos le aconsejaron cautela.

  • - ¿Quién es el anda allí?- preguntó Max con sumo cuidado de que su voz pareciese normal.
  • - Soy el culpable del incendio y el que ha puesto fin a la vida de tu querida tía, al igual que hice en su época con tus estúpidos padres- oyó que decía el desconocido.

No lo podía creer, aquel maldito ser había confesado como si tal cosa el asesinato de sus únicos seres queridos. No saldría vivo de aquella habitación después de semejante indiferencia ante la muerte de su familia.

  • - Maldito demonio te despedazare vivo por lo que le has hecho a mi tía- gritó.
  • - Eso es, deja que la adrenalina se apodere de ti y sea el instinto el que te guíe- la voz del desconocido no mostraba acento ni expresión alguna.

La vida no tenía sentido para él, no había por nadie por quien vivir. Ya no sentía reparos en emprender el camino hacia la muerte, pero no pensaba recorrerlo en solitario. Pensaba llevarse con él al infierno.

La ira se apoderó de él, no era capaz de controlarse, estaba fuera de si. Estaba poseído por la sed de venganza, lo mataría con sus propias manos. No se como lo consiguió, pero su cuerpo se envolvió en llamas a su llamada, como la antorcha humana de los cuatro fantásticos. El fuego se había convertido en su instrumento. El mandaba y el fuego obedecía. El fuego era parte de él y él era parte del fuego.

Todo el fuego que antes había envuelto el edificio entero ahora se encontraba entorno al joven Max.

  • - Ven aquí si eres hombre y lucha conmigo, asqueroso gusano- gritó.

Podía oírse con facilidad el tranquilo deslizar de unos zapatos por el pasillo.

Un ser encapuchado apareció de la nada, con una sonrisa gatuna en los labios. Su sonrisa daba escalofríos. No podía apreciarse sus rasgos por culpa de la dichosa capucha. No tardó mucho en pasar a la acción el joven Max, concentro todas sus fuerzas en su puño derecho y le dio un buen puñetazo en toda la cara que lo tiró por los aires. Había conseguido tumbarlo en el primer golpe, estaba que no entraba en si de gozo. Había ganado.

Pero su felicidad duró poco. El ser encapuchado se levantó del suelo como si nada, como si el puñetazo que le había dado Max fuese un pequeño cachete. La esbelta figura que ocultaba su rostro tras la capucha negra se llevó la yema del índice a los labios y lamió la gola de sangre oscura y espesa saboreándola como si se tratase de un manjar.

  • - ¿Es esto todo lo que sabes hacer, chaval?- preguntó- esperaba mucho más de ti.

Max no podía tolerar semejante arrogancia. Y unas centésimas de segundos después, los dos se habían enzarzado en una lucha tan rápida que costaba seguir sus movimientos. Resultaba difícil decir quién era quien. Fueron momentos de tensión, los dos sabían que cualquier fallo conllevaría y con ello la muerte.

Uno de los dos venció sobre su contrincante. Uno de los puños encontró un hueco en las defensas del otro para dar en el golpe de gracia. El vencedor se yergue entonces y la luz de la luna ilumina sus rasgos. Era el desconocido. Max se encontraba en el suelo luchando por mantenerse consciente, el fuego lo había abandonado, se encontraba solo ante la muerte. Había llegado su hora, había perdido la lucha y debía pagar el precio de su derrota.

- Tranquilo chaval, no tengo intención de matarte, hoy no por lo menos. Eres demasiado importante para morir.- le aseguró- Me gustas, eres un bonito juguete. Natasha hizo bien en iniciarte, la pena es que he llegado demasiado tarde para ser yo tu maestro, aunque eso puede que cambie pronto...- una risa malvada surgió de entre sus labios.

Se acercó hacia Max con paso decidido. Max quiso huir lejos de aquel perverso ser, pero no hallaba fuerza suficiente para mover ni siquiera la cabeza. Sacó unos pinceles de debajo de la túnica negra y, después de quitarle su camiseta o lo que quedaba de ello, empezó a marcarlo con símbolos extraños mientras entonaba unos cánticos demoníacos, que Max no llegó a entender. Fue un ritual muy largo y doloroso. Para cuando terminó el ritual, el cuerpo del joven demonio se encontraba lleno de símbolos arcanos que le causaba un dolor atroz. Nunca en toda su corta existencia había sufrido tanto dolor.

- Yo te maldigo jovencito con esta maldición. El tatuaje que te he dibujado irá absorbiendo poco a poco tu mente y cuerpo. De ahora en adelante no hallaras ni un momento de paz ni de tranquilidad hasta unirte a mí para toda la eternidad.- Max gritó a cusa del dolor que le causaba el tatuaje-  Tranquilo, uno se acostumbra a este dolor. Si tu deseo es librar te de él, deberás averiguar quien soy yo y matarme o sino sucumbir a mis deseos. Te daré una pista para facilitarte el trabajo: Aunque pertenezca a la oscuridad voy por propia cuenta, y todos me conocen por dejar rosas negra tras mis pasos. Adiós Max, espero que la próxima vez que nos veamos seas más poderoso que ahora y que me pertenezcas en cuerpo y alma- dicho estas palabras desapareció, dejando como su único rastro una rosa negra en medio de la sala.

La oscuridad luchaba por apoderarse de su conciencia. Antes de sucumbir a la oscuridad se arrastro por la sala a por la rosa negra  que había dejado el encapuchado, ese era su única pista para librarse de aquella maldición. Se estiró en el suelo todo lo largo que era, encorvando los dedos desesperadamente, y trato de avanzar hacia la rosa negra utilizando sus últimas gotas de energía y cuando por fin consiguió cogerlo, lo guardó en su bolsillo izquierdo. Si había una esperanza para tomar la revancha y vengar la muerte de toda su familia, Max se encontraba dispuesto de arriesgar su vida para ello.

Antes de cerrar los ojos y sucumbir en la reconfortante oscuridad, vio al portador de las alas negras que una vez lo salvó de una muerte segura. Era Ángel. Había venido para salvarlo nuevamente.

  • - Descansa amigo mío, yo cuidare de ti- le susurró a la oreja.

Lo cogió en vilo sin esfuerzo aparente, como si no pesara ni un gramo. 

  • - Gr-gracias- murmuró Max antes de perder la lucha contra la oscuridad de su mente.

Un extraño humo los envolvió a los dos por completo, y momentos después todo a su alrededor había desparecido, no había rastro de su casa carbonizada. Se encontraba a salvo. Todo se volvió oscuro de repente; más negro que la misma noche. Sus ojos se nublaron y perdió la noción del tiempo y la consciencia a causa del cansancio. Se sumió en un letargo de recuperación.

Tuvo un sueño, un oscuro sueño, y en él se encontraba en medio de una carretera, pero allí no se encontraba ni un alma, la carretera estaba desolada. Aquél lugar le resultaba vagamente familiar al joven demonio, aunque no sabía de donde lo conocía. Estuvo dándole vueltas y vueltas, intentado recordar por donde conocía ese lugar sin mucho éxito. Fue entonces, mientras repasaba cada rincón que había visitado en su vida, cuando apareció un opel zafira, o mejor dicho su antiguo coche, el que fue destruido tras el accidente. El coche donde había muerto sus padres y su hermana gemela, Diana. Ese era la carretera donde sucedió el terrible accidente que cambió su vida. Vio como el coche se acercaba cada vez más a él. En él se encontraban dos niños, cada uno jugando con sus respectivos muñecos, en el asiento trasero del coche mientras la madre de dichos niños les reñía por no poder estar quietos, sin saber que sus vidas llegaban a su fin.

A lo lejos, desde la otra punta de la carretera, divisó al encapuchado que lo había maldecido dirigiéndose al coche de sus padres a la velocidad de la luz. Quiso gritar para alertarlos del peligro que los acechaba, pero no pudo articular palabra alguna, en aquel lugar había perdido la voz. El encapuchado hizo un brusco movimiento con las manos y el coche explotó como por arte de magia. La explosión lo tiró por los aires, y lo dejó momentáneamente sordo. Cuando recuperó nuevamente la capacidad de oír apreció el espectáculo que se apreciaba ante él. Lo que antes había sido un coche ahora solo era un montón de chatarra chamuscada. Y en medio de la explosión, se oía el llanto de un pobre niño que se encontraba agachado al lado de su pobre hermana, la que se encontraba gravemente herida.

El desconocido se acercó a los niños, tras dar el golpe final a sus padres mediante alguna extraña magia, con una sonrisa terrorífica dibujada en los labios murmurando algo que aquel niño no comprendió, como iba comprender un niño como aquel la causa de la muerte de sus padres.

  • - Son la deshonra de nuestra raza. Quien ha visto a una diablesa y un ángel juntos, con los humanos puedo aceptarlo, pero entre enemigos... es imperdonable.- dijo fuera de si. Fue entonces cuando reparó en el pequeño niño- Hola pequeñín, que a ti no te afecta el fuego ¿no?, en eso te pareces a tu difunta madre. Y esta será la pequeña ángel, tranquilo pequeño ellos no tardaran en venir en socorrerla.
  • - Tu has hecho esto a mi hermanita y lo vas a pagar- se enfureció el pequeño Max, estaba fuera de si.

Los brazos del niño se encendieron en mortíferas llamas y empezó a lanzarle bolas de fuego. El desconocido los esquivaba sin esfuerzo y se le estaba acercando con la velocidad de un relámpago.  El pequeño Max no tuvo tiempo de defenderse antes de que el golpe desconocido le diera en medio del estomago. El pequeño se desplomó en el suelo a causa del puñetazo, el encapuchado se acercó a él y lo levantó de la camiseta para que sus ojos estuvieran en el mismo nivel.

-  Dentro de ti albergas un gran potencial, chiquitín. Hoy no te mataré, te dejare vivo y algún día nos volveremos a ver y lucharemos por el control de tu vida. Pero hasta entonces olvidaras todo este pequeño episodio, nadie ha de saber que he sido yo el que he matado a estos dos, no por ahora- hubo un destello que cegó a ambos Max.

Se levantó sobresaltado con los primeros rayos de sol del amanecer. No sabía cuanto tiempo llevaba dormido, si había pasado unos pocos minutos o bien un par de días.

No se encontraba en su cuarto, de eso se percató al instante. La habitación en la que se encontraba estaba sumida en la oscuridad, pero por alguna extraña razón podía ver tan bien como si estuviera iluminado por docenas de antorchas. Las paredes de aquella habitación eran de color crema, el piso de baldosas negras y blancas, se parecía a un tablero de ajedrez. A la derecha, observó una pared cubierta de estanterías de vidrio que exhibían toda clase de libros y objetos ancestrales. En el otro aparador había recipientes con hierbas medicinales. A su izquierda, se encontraba otra estantería llena de libros sobre hechicería, magia, demonología y canalización de poder.

Se percató de una figura que se encontraba sentada al lado de su cama. La figura tenía el pelo color caoba, corto, en una semimelena por debajo de las orejas. Tenía los ojos color gris. Su piel era muy morena. Y además era de mediana estatura. Sus alas parecían estar hechos a partir de bruma. Era muy hermosa, aunque no tanto como su querida diablesa.

Fue entonces, mientras la observaba, cuando se percató de que la joven tenía algo afilado y reluciente entre sus delicadas manos, su mente lo identificó como algún arma afilada. El primer impulso de nuestro amigo fue precipitarse fuera de la cama,  mientras se agachaba hacia la joven para darle un puñetazo con todas sus fuerzas en el centro del abdomen. La desconocida se quedó sin respiración. Utilizó ese momento para intentar huir de aquella habitación de la única puerta que había. Corrió como un poseso hacia la dichosa puerta, pero fue inútil, puesto que la joven se encontraba con las manos extendidas entre él y la puerta, impeliéndole el paso. Max no podía entender como demonios había logrado llegar n rápido a la  puerta sin haberla visto.

  • - Yo que tú no saldría por esta puerta. La policía te anda buscando por el incendio y el asesinato de tu tía- me aseguró.
  • - Pero yo no hice nada de eso, fue el otro hombre, el que mató a mi tía. Esta rosa es la prueba de ello, si quitasen mis huellas de aquí podrían encontrar las huellas del asesino que lo podrían incriminarlo- dijo tendiéndole la rosa negra para que lo inspeccionara.

La joven observó la rosa larga y tendidamente antes de seguir hablando.

  • - Lo se, yo te creo, Max- apoyó su mano sobre su hombro, mientras le devolvía la flor- siento mucho lo de tu tía y tu maldición, de veras que sí- no parecía estar fingiendo, lo decía de todo corazón.

Se le abrieron los ojos como platos. Tragó saliva, fijó una sonrisa cordial en sus labios.

  • - Como sabes eso sobre mí- le preguntó con voz ronca a causa del dolor latente provocado por la maldición.
  • - No hay que ser muy lista para averiguar que estas maldito,- le contestó poniendo los brazos en jarra- solo hay que ver tu tatuaje y, por lo que he podido observar, es una de las maldiciones más poderosas ...
  • - Por no decir el más poderoso que haya existido en toda la historia del planeta- agregó alguien de entre las sombras de la habitación.

Al oír eso, empezó a buscar al portador de aquella voz, y entones localizó una sombra en una de las esquinas. Sus ojos azules relucían en la oscuridad. La figura avanzó hasta situarse bajo el círculo de luz que proviene de una de las ventanas. Pronto se encontró cara a cara con un hombre apenas unas pulgadas más alto que él. Tenía cabello corto, rubio y ondulado, ojos de un azul celestial y una pequeña perilla. Era Ángel.

  • - Que tal te encuentras dormilón. Nunca había visto a nadie dormir ocho días de un tirón- lo saludó- Al parecer ya conoces a Victoria, un trabajo menos para mí- dijo encogiéndose de hombros.
  • - Ángel, que paso en la casa, no llego a recordar nada con claridad. Podrías decirme tu lo que sucedió dentro de esas paredes.
  • - Intentare ayudarte lo mejor que pueda, amigo.- tomo su tiempo para ordenando sus pensamientos antes de proseguir- Después de dejarte tuve un mal presentimiento, pero siento confesar que lo ignoré. Estaba apunto de abandonar la ciudad cuando sonó mi teléfono móvil, era Victoria la que me llamaba diciendo que estabas en un grabe peligro. Me costó mucho dar con tu paradero, pero para cuando llegué al lugar donde te encontrabas era demasiado tarde, el culpable se había esfumado dejándote moribundo y con una maldición sobre tus espaldas...- parecía estar perdido en sus pensamientos, y por la cara que puso no debían ser buenas, cuando súbitamente cambió de cara, y le ofreció una la mejores de sus sonrisas- Pero que no te quepa duda que te ayudaremos a deshacerte de la maldición y vengarte. Sino yo no me llamo Ángelus Brejeshtubich.

Al oír el nombre completo de Ángel, ni Victoria ni Max fueron capaces de contener la risa y allí mismo, delante del pobre Ángel, se partieron el culo a causa de su gracioso apellido. Al parecer, Ángel no  se lo tomo a mal, pues él también se unió a las risas de sus compañeros.

  • - Disculpadme pero he de irme a la ciudad por asuntos personales- les informó Victoria cuando termino de enjuagarse las últimas gotas de lágrimas que tenía a causa de tanto reír.

Antes de salir por la puerta, les dio sendos besos en la mejilla a los dos jóvenes. Cuando por fin se quedaron solos en aquella peculiar habitación, el joven demonio se puso serio.

  • - Ángel, te acuerdas lo que me dijiste en el callejón.
  • - Claro, como no me voy a acordar. Te dije que vinieras a aquí cuando estuvieras preparado y yo te respondería a todas y cada una de tus preguntas.
  • - Pues bien, creo que estoy preparado para saber en que atravesado mundo me he metido. Quiero saber todo sobre nuestra raza y la fraternidad- aclaró.
  • - Ponte cómodo- dijo señalándole una de las sillas de la habitación- Como bien te dije antes es una historia muy larga para oírlo de pie. Eso si, te agradecería no interrumpirme mientras dura el relato.

>> La historia de nuestra raza se remota a la creación del mismo mundo. Un mundo virgen, rebosante de vida y alegría. Sabrás, como todo bueno demonio, y si no lo sabías ya te lo diré yo, que el Gran Creador al dar vida a este planeta creó tanto el bien como el mal, puesto que son las dos caras de la misma moneda. Tanto nosotros, como ellos no estamos atados a la vida, es decir no necesitamos dormir ni comer. Una vida sin ataduras. Y como sabrás, para que el mundo siga en equilibrio toda creación debe tener su contrario en este mundo, o sino el caos se adueñaría de todo la planeta. Fue en ese momento, antes de que los humanos apareciesen en la faz de la tierra, cuando los primeros de los nuestros y los de los otros nacieron para mantener el equilibrio.  Los celestes, o como los humanos los llaman, ángeles, que nacieron a partir de luz y bondad para servir al bien, poseían la facultad de crear y ayudar a los demás. Ellos pasaban todo el tiempo creando cosas hermosas para el nuevo mundo, pero no había equilibrio, pues las cosas que creaban no morían y el mundo estaba demasiado lleno de vitalidad. Fue entonces cuando el Gran Creador nos dio a luz a nosotros, los demonios, que fuimos creados a partir de la oscuridad y la maldad para servir fielmente al mal supremo, poseedores del poder más poderoso de todos, el poder de destruir lo que ellos creaban- al parecer Max puso mala cara pues Ángelo le replicó.- No es para tanto, chaval. Piensa en un momento lo que sucedería si no existiera la muerte en el mundo, el caos se apoderaría de todos. Y esto puede plantearse de manera viceversa también. Si ellos no existieran en el mundo no habría ni un atisbo de vida humana ni otra forma de vida.

>> Los primeros milenios nos fueron bien, pero pronto algunos de los nuestros se aburrieron de la vida monótona de aquella época. Como ya te lo habrán comunicado, nosotros  somos inmortales y por ello tuvimos la oportunidad de ver la evolución del mundo. Como tenemos una larga existencia vimos como nacieron los humanos, la forma evolucionada de unas vulgares ratas. Nos fascinaron por su gran capacidad de aprendizaje. Los celestiales les enseñaron el arte, la poesía y la agricultura, y les hicieron comprender la importancia del amor y la amistad. Nosotros, en cambio, les enseñamos a construir armas, crear fuego y moldear el oro para convertirlo en dinero, y les llenamos el corazón de avaricia y de egoísmo. Como ya te dije antes, algunos de los inmortales estaban tan aburridos de la vida que llevaban, y como los humanos les parecieron un juguete muy interesante, se mezclaron entre ellos y hasta algunos tuvieron descendencia con ellos. Así nacieron los primeros semidemonios y  semiángeles.

>> Transcurrieron años, incluso décadas, y todo iba de perlas hasta que llegó la Santa Inquisición y empezaron a matar a diestro y siniestro a gente inocente, pero eran pocos los inmortales que eran llevados a la hoguera, pues poseían enchufes por todas partes.  Fue en los primeros años de la Inquisición cuando mi padre, ¡mi propio padre!, me declaró brujo por haber movido una jarra de agua con el poder de mi mente y a causa de esa pequeñez fui condenado a la hoguera, - se le quebró la voz, era duro para él hablar de esos oscuros años de su vida- eso si, antes me llevaron a haberle una vista a la fosa de tortura de donde no sacaron nada más que dos guardianes muertos y otro gravemente herido. Al llegar el gran día, el día que debía de ser mi último día entre los vivos, mi vida dio un vuelco. Mientras estaba esperando a la muerte, al fin de mis días en mi humilde celda, apareció un demonio muy poderoso de la nada ofreciéndome la libertad que tanto ansiaba, pero a cambio debía ofrecerle mi alma. A decir verdad yo no perdía nada ofreciéndole mi vida, pues tenía las horas contadas si rechazaba su oferta, por todo eso, acepté la oferta que me hizo. Él me inició en las artes demoníacas, me enseño a controlar mi poder y me contó todo sobre la fraternidad y sus reglas.

>> La fraternidad fue fundad por tres demonios más poderosos de nuestro mundo en aquella época, uno de los tres ancestros es Natasha, tu ama-. Max lo miró con cara rara al oír su último comentario, pero Ángel lo tranquilizó con un ademán- Las identidades de los demás son secretas, nadie sabe quienes son ni que poderes poseen. Pero lo que si sabemos es que ellos solo inician a demonios superiores, y que no se mezclan con nadie que no sea con demonios de gran potencial.

>>Volviendo al tema principal, el fin de la fraternidad es ayudar a los nuestros, ayudarlos a controlar y manejar sus poderes, y no viceversa. Ofrecemos la unidad. Somos una gran familia y como tal nos cubrimos las espaldas el uno al otro constantemente, como lo he hecho yo antes contigo. Aquí en la fraternidad, desde el momento mismo de la iniciación, te dan un rango asociado con tu nivel de poder, lo que en tu caso es el cero, el nivel más elevado que hay. Pero se conocen pocos casos el la  que al iniciarte empieces de un nivel tan elevado como tú, lo normal suele ser empezar desde el nivel cinco e ir subiendo poco a poco de nivel. Te preguntaras como se sube uno de nivel, pues bien, cuando nuestros maestros deciden que somos lo suficientemente poderoso nos preparan una prueba que haciéndose cada vez más difícil de aprobar, según vas ascendiendo de nivel. Si deba el caso de que lo aprobabas, tu cuerpo cambiaba de forma según el rango que te habían ascendido. Existen cinco niveles, y cada uno de ellos posee rasgos singulares que los diferencia de los demás demonios.

>> Los del nivel cinco, llevan un tatuaje en forma del numero cinco en la espalda, aunque no posean un don muy poderoso si que tienen una inmensa fuerza, capaz de derribar edificios enteros; Los demonios del cuarto nivel, acorde con su rango tienen tatuado el numero cuatro en el antebrazo derecho, además, su don no es gran cosa pero poseen la capacidad de correr tan rápidos como el rayo y una fuerza inhumana; Los del nivel tres, el tatuaje está situado en medio de su frente y, aunque no puedan volar, si que pueden levitar y utilizar su don con total naturalidad; Los segundos en el top cinco, como demonios del nivel dos llevan el tatuaje de un dos en su mano izquierda grabado a fuego, los humanos los llaman vampiros por su parentesco con los murciélagos pues se alimentan de sangre humana a diferencia de los anteriores que comen carne cruda; Nosotros, los del nivel uno, tenemos el tatuaje en el cuello,- dijo bajándose el cuello de la camisa y enseñándoselo- y somos capaces de volar como las águilas; Y en la cima del top cinco, los del nivel cero poseéis un inigualable y no hay nadie en el mundo capaz de hacerles frente, su tatuaje, aunque esto tu ya lo sabes, se encuentra encima del corazón y es una extraña d, que hasta ahora solo lo han utilizado los tres ancestros, y ahora tu también posees uno igual.

>> Eso si, como toda fraternidad tenemos nuestras reglas, así como nuestros castigos por inflingirlas: Nunca, bajo ningún concepto, debes relacionarte con un celestial, y si se da el caso y te relacionas con ellos padecerás una muerte larga y dolorosa; Cuando eres iniciado por otro demonio, le perteneces para toda la existencia y nunca podrás levantar tu brazo contra tu amo, pues serás maldecido para toda tu asquerosa existencia; Otra de las reglas es que no podrás iniciar a un demonio sin su consentimiento ni arrebatar un iniciado a otro demonio, a menos que quieras la muerte; Y la última, y la más importante de todas, no le revelaras a ningún humano tu identidad, ya que pone en peligro a toda la comunidad demoníaca, por eso el humano y el demonio que se le ha ido la lengua son exterminados rápidamente y de la forma más cruel, sin dejarle tiempo al humano de alertar a nadie de nuestra existencia.- Max se asustó bastante al oír las estrictas reglas de la fraternidad, Ángel percibió su miedo puesto que agregó- Pueden parecerte unas reglas muy estrictas y en cierto modo injustos, pero gracias a ellos conseguimos pasar inadvertido entre los mortales y vivir en paz.

>> Tanto demonios como celestiales tenemos reglas y a personas que se dedican a asegurarse de que nadie los desobedezca. Ellos son los llamamos segadores, y cada una de las razas tienen en sus filas a uno de ellos. Al igual que los ancestros no sabemos quienes son, pues nadie ha vivido para contarlo después de un enfrentamiento contra ellos. Nadie sabe a que rango pertenecen, lo único que sabemos es que siempre deja una rosa negra allá donde va- se le agrandaron los ojos al oír aquello. El segador, había sido él el culpable de la maldición y de la muerte de toda su familia, pero por que lo quería con tanta insistencia a él, sería tan importante para el segador que había llegado a romper una de las reglas.

Nuestro joven demonio no se percató de que ya no se encontraba sentado en la silla, sino que estaba levantado mirando a la nada, mientras su amigo Ángel lo observaba con cierta alarma en su rostro.

  • - ¿Sucede algo? ¿Qué es lo que ocurre?- preguntó alarmado.

Max volvió en si en el instante en que oyó la voz de su compañero.

  • - Ángel tu eres amigo mío, ¿no?
  • - Si, pero por que lo preguntas.
  • - Debes enseñarme todo sobre mis poderes, cuales son y como debo controlarlos, antes de que sea tarde para mí y para Natasha- lo apremió.

Parecía un león enjaulado, no podía quedarse quieto, no tenía tiempo que perder o perdería su libertad de pensamiento, estaría a merced del segador.

  • - Te ayudare, pero lo único que te pido a cambio de mi favor, pues no debería ser yo el que te enseñe todo esto sino Natasha, es saber que o quien es el centro de tu alarma- le pidió.

Se encontraba realmente preocupado por él, lo supo nada más mirarle a los ojos, su preocupación era sincera, lo decía como amigo que era. Max se encontró al borde de las lágrimas, estaba emocionado al ver que en el mundo seguía existiendo gente que lo quería, no estaba tan solo como crey&

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Irati

Irati escribió esta anotación hace 8 meses. En ella habla sobre By Me.

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